Hace tiempo escribí sobre personas y árboles, amigos desconocidos, en su apariencia física, y los árboles que me sugerían a través de lo que me transmitían con sus palabras. Aquello, que casi ya había olvidado y que me han hecho recordar con mucho cariño, lo perdí en un arrebato de borrar una parte de la historia de mi anterior blog. Hoy vuelvo con un árbol y un grupo de personas, Amigos con mayúsculas, ahora si conocidos en lo físico y mucho más en lo que importa.

El árbol, un acebo precioso y de tierras frías, pleno, no especialmente imponente pero rotundo en su apariencia, sagrado árbol druídico símbolo de la sinceridad y la inmortalidad, como sinceras han sido las relaciones y el afecto entre nosotros estos días, que espero sigan así por siempre. Al acebo no se le puede mentir, bajo este mismo nos despedimos de Lamujeresqueleto y en nuestro "hasta pronto¡¡¡" había un verdadero deseo de volver a encontrarnos, allí, aquí, en cualquier sitio...