Era viernes, pasado mediodía, volvíamos a casa tras dos días de duro trabajo lejos de ella, físicamente extenuados, pero ya relajados por la proximidad del reparador fin de semana. Mientras dormitaba en el asiento del copiloto, recordé la mancha roja que había visto como una trasgresión de la monotonía del paisaje a la ida, preparé la cámara y empecé a disparar cuando a penas se adivinaba, pero dejando de lado el objetivo para poder disfrutar de su intenso color, como un rayo de provocación, igual que él efímero e intenso; luego se fue perdiendo y aun así continué mirando cuando nos alejábamos, capturé algunos retazos del momento, los verdes del cereal en sus rítmicos movimientos de marea terrestre, los amarillos chillones de la retama y la genista...nada que ver con la descreída mancha roja, ¿amapolas? quizás, para mi una oportuna pincelada atrevida.