Que buena suerte tuve al ser tu hija, si, que buena estrella la mía por haber nacido de ti, querido padre, una de las mejores cosas que me han sucedido en esta vida, ser tuya y haber podido disfrutarte tanto tiempo.
Ahora, en tu declive, en esta larga despedida, solo estoy junto a ti, en tu muda compañía, no me hacen falta ya tus palabras, ni tus gestos, ni tus caricias, aunque te las reclamo a ratos y te incomodas, estás cansado, tan cansado, que haces un guiño de fastidio ante la enésima pregunta sobre como te encuentras, pero inmediatamente asoma la sonrisa, es imposible que la contengas a pesar del dolor y tanto cansancio, quizás también de la incertidumbre del mañana, cierras los ojos mientras se va apagando ese destello y vuelve el silencio entre los dos, también para mi vuelven los recuerdos, entonces acaricio tu mano aun hoy tibia y confortable, como siempre.
Se que temes no llegar a tiempo, tu nieta espera verte ahí el día de su boda, y luchas por volver a cumplir tu promesa de estar presente, se lo dijiste sin titubear hace ya meses y siempre has cumplido, nunca has defraudado a los que amas. Por eso estoy, estamos todos los tuyos, a tu lado, ni un momento hemos de dejarte solo, que ya vendrá el tiempo de tu ausencia para siempre.
Si, papá, que buena suerte tuve al ser tu hija, que buena esta herencia que me diste en vida, saber amar y estar e intentar ser una persona íntegra, como tu.